Salinas cuando el azul tambien es vida

He escuchado que cuando termina una fase siempre debe comenzar otra. Algunos simplemente lo llaman nueva vida, yo no sé si llamarlo así, ya que eso implicaría que mi vida antigua habría terminado y no veo como ése escenario pudiera ser real. Me imagino que sólo es una imposición de mi subconsciente al no querer aceptar mi nueva realidad. Definitivamente he percibido un cambio de ciento ochenta grados en comparación a mi situación un año atrás.

Antes, no era precisamente miembro del Jet Set playero, en realidad era mucho más que eso. No necesitaba un millón para tener al mundo en mi palma, de hecho yo me podía sentar libremente en la palma del mundo y sentir el fresco aliento diurno o nocturno que me ventilaba de costa a costa.

Siempre tenía lugar en la primera fila para escuchar la mejor melodía que era producto de un acto talvez violento. Un choque constante de la masa gigantesca de mar con la orilla o en sus casos, con rocas, dejando el área brumosa con olor a vida. Era un espectáculo que consideré que lo vería eternamente, ya que el mar nunca iba a retroceder, el viento no dejaría de soplar y el sol de brillar; sin embargo, no conté que quizá yo fuera el que me ausentaría. Fue la variable que no tuve en cuenta.

Seguido a las olas, la increíble fusión del Sol con el mar y las nubes es el mejor acontecimiento diario que toma lugar cada día durante las 6 de la tarde aproximadamente. Es un evento donde el cielo se pinta de todos los colores imaginables, el mar deja su color azul para adoptar los colores del Sol, mientras que él parece sumergirse en las profundidades oceánicas antes de desaparecer en el horizonte con un último rayo cálido y amigable.

Usualmente, la gente piensa que el mar y la arena sólo son útiles cuando hay un buen sol con qué broncearse y una buena temperatura para no helarse. Nunca podré dejar de extrañar esos días nublados y fríos donde emprendía largas caminatas sin rumbo alguno para encontrarme conmigo mismo con el mar y la arena como intercesores. La arena húmeda o seca lograba desprenderme de las calles de asfalto y de toda realidad ocurrida en ellas. No encontraba cosa más relajante que sentir la arena en mis pies mientras escuchaba a AR tocando el violín en mi iPod.

No era el fanático número uno del surf, incluso pienso que es un deporte de alto riesgo. Aún así, tuve que probar la sensación que producía el acto inimaginable de correr sobre las olas. Entre ellas, estás bajo la voluntad del gigante mar. Puedes fluir con él o nadar contra su corriente, te transformas en otro pez más. En ese momento pude ver las cosas de otra manera. Comprendí el gran entusiasmo de cada quien que emprendía una aventura en el reino de Neptuno.

Siempre fui un fanático de las aves. Me hipnotizaban con su vuelo, pero nada ha sido más impactante que verlas planear a centímetros del agua, seguido por darse olímpicos clavados de más de 20 metros sobre el nivel del mar. Su destreza es inigualable y reluce la perfecta creación de Dios con la naturaleza. Ésta se puede apreciar hasta en el charco más pequeño a orillas del mar, lleno de colores, de movimiento, de belleza.

Todo está vivo. Todo está conectado. Todo tiene su propósito.

verde, azul y negro

Pequeñas gotas de ácido perturbando el rocío de las flores por la mañana. El Sol se vuelve invisible, envuelto en un manto negro, es incapaz de calentar el suelo, alumbrar la vida. Una soledad desalentadora posee a cada uno. La lámpara eterna se apagó, el oxígeno interminable se acabó. Quemaduras internas a causa de un involuntario suspiro. Desesperación, miedo, rabia, impotencia, arrepentimiento y cientos de pensamientos de una sola vez. Los colores ya no brillan, la magia de la vida desapareció. Los paisajes sólo varían por sus relieves y ya no guardan más que hojas muertas y madrigueras vacías.

La única imagen impecable sobrante es el recuerdo del comienzo, guardado por una mente pura e inocente. Sueños e ilusiones transformadas en ambición y codicia, deseos corroídos provocaron destrucción para una supuesta mejor creación artificial e imperfecta. Fue señal evidente de que lo mágico había sido removido cuando el coro de aves dejó de escucharse. Cuando el verde vivo fue sustituido por el gris inerte. Cuando los destellos celestiales fueron opacados por enormes bloques irradiantes de luz que rediseñaron la noche. Varios botones reemplazaron a un abrazo y la calidad se aprecia por cifras. La pureza del agua se pierde gota tras gota, revela la debilidad de la gran masa azul, con cambios imperceptibles que amenazan el latir de todo un mundo.

El trato ancestral del Creador con el creado no fue respetado, diciendo éste, el creado, que quería crear a costa de las creaciones perfectas del Creador. Aires de prepotencia lo llevó a querer más por sobre los otros, lo cual se puede deducir en un corazón inseguro. La escasez de calor humano es tratada con la abundancia de piedras, papel, posesiones que tienen el valor que nosotros le damos.

Vivimos el día y la noche. El mañana sólo puede describirse como una posibilidad, un si o un no, una promesa a punto de ser cumplida o incumplida. Semejante con los acontecimientos a ocurrir. Lo igual no existe. Son solo versiones muy parecidas al anterior. Se deduce a la errónea idea de que el mañana será igual al hoy. De que el Sol siempre saldrá al amanecer, de que el pasto siempre estará verde y el agua siempre fluirá, los arroyos y ríos se mantendrán siempre caudalosos  y las semillas siempre germinarán. Tras un día el suelo puede estar seco e infértil, el Sol puede estar no visible tras un espeso manto negro lleno de gases, y el agua puede no correr por sus vertientes.

Después de décadas y décadas de acciones llamadas inofensivas, el mañana ya no se parecerá al hoy. Ojos impresionados observan lo que era inimaginable e imposible generaciones atrás. Esta vez no sintió el calor del Sol en la mañana, los cultivos muriéndose nunca serán cosechados, los animales que vivieron de sus instintos, se encuentran ya lejos. Aquellas gotas descendientes del cielo solo causa más infertilidad a la tierra abusada.

El futuro era incierto cuando lo dictaba la naturaleza, siempre variaba. Ahora que lo ha comenzado a controlar el hombre, se ha vuelto predecible y oscuro.